Historia de Serra

Serra se ubica en pleno corazón de la Sierra Calderona, y en el centro de un estratégico eje natural que sirve de comunicación entre el valle del Palancia, al Norte, y la Plana de Valencia, al Sur. A lo largo de la historia, este corredor y puerto de montaña ha sido camino de paso habitual para transeúntes, viajantes, correos y hasta ejércitos, a través de las diferentes culturas que históricamente se han ido sucediendo en las tierras valencianas. Una muestra de la importancia de este corredor natural la constituyen los restos de las diferentes fortificaciones medievales que lo jalonan y todavía se alzan majestuosas: el Castell de Serra, la Torre del Senyor y las torretas o atalayas de Ría, del Calvari y de Satarenya; todas ellas de época andalusí, construidas hacia el siglo IX y utilizadas activamente durante el resto del dominio islámico y de la posterior etapa mudéjar. Las fuentes documentales informan de la toma del Castell de Serra, por tropas cristianas en diversas ocasiones (hasta tres veces en el siglo XIII y una más en el XIV).

Primeros pobladores

Los primeros antecedentes sobre la presencia humana en el término municipal de Serra se remontan a épocas prehistóricas, habiéndose identificado más de una docena de yacimientos distribuidos por todo el término municipal (Xarxant, Tóixima, Salt de Ria, les Eretes, Satarenya, Papallona, etc.). Los restos encontrados, principalmente utensilios de sílex, cerámicas negras hechas a mano y restos óseos, han sido atribuidos en algún caso a época Neolítica (así se ha referido en la Cova Soterranya, por ejemplo), pero al parecer, la mayoría de ellos corresponden a la cultura del Bronce valenciano, tratándose principalmente de yacimientos de superficie. La dispersión y abundancia de éstos permite poner de relieve un alto grado de ocupación humana durante este período cultural.

Serra íbera y romana

Como escribía nuestro primer cronista, Don Ambrosio Cebrián y Santos (1863-1933) a principios del siglo XX, estando Serra situada entre importantes poblaciones íberas y romanas, como Edeta-Lauro (Llíria), Saguntum-Arse (Sagunt) o Segóbriga (Segorbe), era natural que también fuese conocido y estuviera poblado el territorio de Serra por íberos y por romanos. Y efectivamente, así lo ponen de manifiesto los diversos restos arqueológicos reportados en nuestro término municipal. Se sabe de al menos la existencia de tres emplazamientos o poblados íberos: el de Alcalà, el de Ría y el de Portaceli. Además se han citado otros restos probablemente coetáneos, como los del Sierro. A época romana se han atribuido restos pertenecientes a diferentes villas, así como el asentamiento de Ría, ya poblado anteriormente por los íberos.

Serra musulmana, dominio andalusí

El origen de la actual población de Serra podría remontarse a los primeros siglos de la ocupación árabe-bereber de estos territorios valencianos que formaron parte del ámbito denominado Sarq-al-Aldalus. En cualquier caso, parece obvio que tanto Ría como Serra, hacia el siglo IX ya eran poblaciones consolidadas, cuando se desarrolló el sistema defensivo y de vigilancia formado por el Castell de Serra y las diferentes torres y atalayas que en su mayoría aún perduran.

El rey moro Yahía Al-Quadir, destronado del reino de Toledo por los castellanos, fue ayudado por éstos en su pretensión de ocupar el trono del reino de València. Con tal motivo, en el año 1086 se estableció en el Castillo de Serra, junto a las tropas de su aliado, el castellano Álvar Fáñez, pariente del Cid. En Serra le fueron entregadas a Yahia las llaves de la ciudad de València, que llegó a gobernar, aunque fue pronto destronado por sus opositores. Pocos años más tarde, el Cid arrebató de nuevo la ciudad de Valencia a los musulmanes, poseyéndola como Señorío ofrecido a la corona castellana. El propio Cid tomó también Serra (Axaraf) y la tuvo sometida, cobrándole tributos durante los años que duró su señorío valenciano. De los datos que recoge el Llibre del Repartiment, se infiere que hasta el siglo XIII, del distrito musulmán del Castell de Serra (o Axerra) dependieron tanto la villa de Serra (amurallada, y jalonada por la Torre del Senyor), como las alquerías de Ría, Armell, Nàquera, Lullén y quizá alguna otra. Sin embargo, tras la conquista y fundación del reino cristiano de València, por el rey Jaume I, Náquera sería donada a Gil d’Atrosillo y Lullén (valle de Portaceli) al caballero Gil de Rada. Mientras tanto, el castillo y la villa de Serra, con sus demás alquerías (Ría y Armell), y con sus hornos y molinos, serían entregados a Gauterio Romano.

De finales del siglo XVIII destaca la construcción del templo parroquial de Serra (inaugurado en el año 1800), gracias al empeño y esfuerzo voluntario de varias generaciones de serranos, que hicieron continuas colectas (para la compra de materiales) y aportaron su mano de obra y jornales. También con trabajos voluntarios se construyeron otras obras, como el Calvario (varias ampliaciones) y el “cine de invierno” (mediados del siglo XX), entre otras.

La importancia estratégica del corredor natural de Serra volvió a manifestarse durante los diferentes conflictos bélicos de los últimos siglos. A finales del XIX pasaron por aquí las tropas carlistas de Santes, que se dirigían a tomar València. Durante la última Guerra Civil se terminó de construir la carretera de Torres-Torres (históricamente un transitado camino de herradura) que fue fortificada mediante puestos de ametralladoras y trincheras, a fin de proteger este paso de la amenaza franquista, dado que los miembros del gobierno de la República residían en chalés de Serra y de Náquera. El propio Presidente, Manuel Azaña, tuvo establecida su residencia en la finca de La Pobleta (antiguo poblado musulmán de Lullén), y en sus alrededores hubo un notable despliegue de militares y piezas de artillería.
 

Serra mudéjar, bajo el dominio cristiano

El oficio de los aguadores consistía en transportar las apreciadas aguas minerales de las fuentes de Serra (principalmente de las del Llentiscle, el Verro, la Prunera, L’Ombría... e incluso la de Barraix, en término de Estivella) hasta Valencia y otras poblaciones de L’Horta, donde se vendía en cántaros, y más tarde en garrafas de vidrio con protección de mimbre. Este comercio ha sido importante en el pasado; ya lo cita Cavanilles, en el siglo XVIII, y ha perdurado hasta hace pocas décadas.Como Gauterio de Roma no llegó a tomar posesión de Serra, el rey Jaume I revocó su donación cuando en 1240 la otorgó nuevamente, ahora a favor de Beltrán de Bellpuig, que también fue Señor del Castillo y villa de Torres Torres. Posteriormente se separó este dominio compartido, y Serra fue baronía de Rodrigo Martínez de Sant Adrià. De éste pasó, por compra, a la familia de los Boil de la Scala, que la poseyeron durante casi un siglo, hasta que en el primer cuarto del siglo XV pasó, también por compra, a los Condes de Prades (el matrimonio formado por los descendientes de dos notables ramas nobiliarias: Ramón Folch de Cardona y Joana de Prades), cuyos descendientes directos (luego los Duques de Montellano) la conservaron hasta que fueron abolidos los señoríos, en el siglo XIX. El valle de Lullén se convirtió, a partir de 1272 en un priorato cartujano: la Cartuja de Santa María de Porta Coeli, fundada por el Obispo de València Andreu Albalat, confesor del rey Jaume I. La historia de la Baronía de Serra y la del Priorato de Portaceli siguen entonces caminos muy diferentes, a pesar de la proximidad geográfica, hasta que en 1835, tras la Desamortización de Mendizábal y la exclaustración de los cartujos volvieron a unirse definitivamente en un mismo término municipal.

 

Serra morisca

Hasta la expulsión de los moriscos, en 1609, los pobladores de Serra, Ría y Armell fueron siempre vasallos musulmanes, aunque convertidos forzosamente al bautismo tras la etapa de las Germanías. Los señores de Serra, los Folch de Cardona (convertidos en Duques de Montellano, en el siglo XVIII), eran también señores de Soneja, lugar donde habitualmente residían, y de Azuébar. Por ello, la historia de los tres pueblos (Soneja con Azuébar y Serra con Ría) estuvo estrechamente ligada, prácticamente desde el año 1414. Para repoblar Serra y Ría, que habían quedado totalmente despobladas tras la expulsión de los moriscos, su señor, Josep Folch de Cardona otorgó a finales del mismo año (el 26 de noviembre de 1609) Carta de Población a nuevos vasallos cristianos (20 para Serra y 10 para Ría) que con sus familias iniciaron una nueva etapa.

 

Cerca de la mitad de los nuevos colonos procedían de Alcublas y el resto de la ciudad de Valencia y otros pueblos cercanos a ella. Con los años, Ría quedó definitivamente despoblada, a la vez que gran parte de aquellos primeros colonos serían pronto substituidos por otros nuevos, en pocas décadas. De aquellos nuevos colonos descienden los apellidos y los actuales vecinos de Serra: los Domingo, Navarro, Català, Cabo, Rubio, Garay, Ros, Arnal...

 

Serra moderna y contemporánea

Durante el siglo XVII y los posteriores, se desarrolla ampliamente la comunidad campesina de cristianos viejos, cuyas principales ocupaciones económicas se centran, sobretodo, en los aprovechamientos forestales (carboneo, madera, leña y fornilla, esparto, etc.) y agrícolas (cereal, vid, olivo, higos, almendras, cerezas y otros frutales, además de los cultivos de huerta). Pero también fueron muy notables en el pasado (a veces hasta hace sólo unos 50 años) los oficios de cantería (extracción y labrado de la piedra arenisca o rodeno), así como la actividad minera (se explotaron principalmente minas de galena y de cobre), el oficio de aguadores o el de los nevateros, los fabricantes de toneles o los destiladores de aguardiente, entre otras manufacturas y producciones.

El oficio de los aguadores consistía en transportar las apreciadas aguas minerales de las fuentes de Serra (principalmente de las del Llentiscle, el Verro, la Prunera, L’Ombría... e incluso la de Barraix, en término de Estivella) hasta Valencia y otras poblaciones de L’Horta, donde se vendía en cántaros, y más tarde en garrafas de vidrio con protección de mimbre. Este comercio ha sido importante en el pasado; ya lo cita Cavanilles, en el siglo XVIII, y ha perdurado hasta hace pocas décadas.

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